Aprender el sexo

Aunque estamos de acuerdo en que el sexo es un instinto que deriva de nuestra naturaleza animal, no debemos olvidar que la sexualidad humana, tal y como la conocemos, está plagada de convenciones. Por lo tanto, aunque somos seres sexuados por naturaleza, somos sexuales en función de nuestra educación.
De ahí que la educación sexual, ya sea espontánea o meditada, está presente desde nuestros primeros días de vida. En el momento en el que nacemos, estamos en una familia o entorno portador de una ideología determinada que deriva, inetablemente, en una interpretación x de la sexualidad.
Por ejemplo, el temperamento e ideología (o posición con respecto a la cuestión del placer) de los padres hace que nos familiaricemos con el contacto físico de una manera u otra: cómo se alimente, acaricie o hable al niño influye en su desarrollo sexual. En todas estos actos se produce una comunicación que pertenece a una clase de lenguaje, el corporal. Y en esa comunicación, también hay aprendizaje. ¿Por qué? Es sencillo: no es lo mismo crecer con miedo o reparo hacia el contacto físico que en una absoluta libertad de movimiento; tampoco es igual que nos acostumbremos desde pequeños a ver cuerpos desnudos o que desde el origen, ciertos elemento de nuestra anatomía se nos presenten como un tabú que debe ser ocultado.
Pero en nuestra manera de aprender el sexo, no sólo influye esto. También aprendemos el sexo a través de nuestra posición con un entorno más general, cuando encontramos nuestra posición sexual con respecto al mundo. A medida que crecemos, vamos descubriendo que somos seres deseantes y deseables, especialmente durante la adolescencia. Esto nos retribuye desde temprano alegrías y frustraciones que se desarrollan al mismo tiempo que estamos aprendiendo qué es el sexo.
De este modo, cualquier experiencia, ya sea aislada o continuada, puede influir en el resto de nuestra vida sexual. Por esta razón es importante que nunca terminemos de formarnos. Al igual que existen multitud de elementos irracionales o más o menos dados en nuestro camino por aprender el sexo, es importante que lo analicemos también desde una perspectiva racional y crítica. Para ello, es importante que busquemos información especializada e imparcial, con la cual completar nuestras experiencias: al margen del tabú, debe imperar el conocimiento. Esto nos puede ayudar a tener una vida sexual saludable.
Indira


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