Maternidad y sexualidad

En términos generales, la sexualidad femenina es compleja. A lo largo de su vida, una mujer atraviesa diferentes etapas sexuales en las que el deseo está sujeto a fluctuaciones que derivan de todo tipo de circunstancias. Estas dependen de factores externos e internos, que varían e influyen de manera diferente en cada mujer.

La mujer que está embarazada o que ya es madre de niños pequeños está sufriendo un intenso proceso de transformación vital que también afecta a su sexualidad. A todas luces, el cambio más importante se da en la esfera psicológica. Cuando una mujer es madre, por norma general, experimenta una profunda transformación en lo que respecta a sus intereses, prioridades y afectos. En definitiva, tiene que desarrollar una nueva identidad: ya no es sólo una mujer, también es una madre. Y, por supuesto, esto también afecta, de un modo u otro, a su sexualidad.

Para empezar, durante el embarazo las alteraciones hormonales que afectan a su libido son más que frecuentes. Por otro lado, las circunstancias ajenas al embarazo en sí mismo, también influyen. Las sociedades protegen poco a las mujeres embarazadas: para empezar, muchas de ellas tienen que trabajar intensamente incluso en estados de gestación muy avanzados; además, tienen que cargar con el peso psicológico que genera el temor a ser despedidas de su puesto de trabajo, relegadas a un puesto de inferior categoría, o no promocionadas, a causa de su estado y futuras responsabilidades. Esto puede disminuir radicalmente el deseo de la mujer.

Otro factor que afecta a las madres recientes es el sentimiento de culpabilidad generado a causa de tener que dejar a sus hijos durante tantas horas en guarderías o manos ajenas debido a sus responsabilidades laborales. Y, aunque no se sientan culpables, cuando regresan a casa después de una larga jornada, pueden preferir dedicar el poco tiempo que les resta a estar con sus hijos que a practicar sexo.

De esto podemos concluir que, más que una ausencia patológica del deseo, las mujeres experimentan un agotamiento que afecta a su vida sexual debido a unas condiciones de vida poco idóneas. De hecho, cuando estas mujeres tienen algún tiempo para descansar, por ejemplo, durante las vacaciones, suelen recuperar ese deseo sexual que parecía que había desaparecido.

Lo más importante para que las mujeres puedan disfrutar de su sexualidad durante la maternidad es que tenga una buena comunicación con sus parejas. Es importante que el compañero no sienta que “ayuda” a la mujer en las tareas domésticas, o con el cuidado de los hijos, sino que ambos lo sientan como una responsabilidad conjunta en la que cooperar.

Indira