No te escondas

Un error bastante frecuente en las mujeres de más de cuarenta años es maquillarse demasiado. Tanto mujeres como hombres, cuando alcanzan esta edad pueden llegar a tener crisis existenciales de mayor o menor envergadura. En parte, esto sucede porque ya hemos dejado a un lado aquello de ser ventiañeros o treintañeros y, socialmente, nos llamamos cuarentones.
Como es más sencillo ver la paja en el ojo ajeno, acostumbramos a burlarnos de los hombres que, al cumplir los cuarenta, corren en busca de jovencitas, se visten como si hubiesen tenido una regresión a los catorce años, disimulan su calvicie con métodos tan patéticos como antiestéticos y vuelven a ponerse prendas que usaban décadas atrás, a riesgo de sacrificar su respiración e integridad física.
Sin embargo, nosotras no nos quedamos atrás. Creo que todas tenemos en mente a aquellas mujeres que, de repente, empiezan a vestirse con prendas estridentes. Ésas que cubren sus rostros con toneladas de maquillaje como nunca antes hicieron.
Asumir la edad es importante. Con ella hemos vivido y renunciar a esto es reducir el sentido de las experiencias que tanta alegría y aprendizaje nos aportó.
Es conveniente que las mujeres que alcanzan la madurez refuercen su autoestima otorgando un especial cuidado a su apariencia. Conservarse es una muestra de amor propio; reconservarse es un ejercicio de falta de aceptación.
Si tenemos patas de gallo, por ejemplo, tenemos que aceptarlo. Podemos intentar evitar que crezcan, o intentar lucir, por ejemplo, el brillo de la experiencia en nuestros ojos como complemento. Eso nos dará personalidad y demostrará que somos mujeres interesantes. En todo caso, tenemos que ser capaces de mirarnos al espejo y contemplarnos como lo que somos. Sólo entonces podremos mejorarlo superándonos.
Por otro lado, en lo que respecta a la ropa, tenemos que asumir que no todo lo que hay en nuestro armario permanece en vigor. Si nos vestimos con algo que en el fondo nos hace sentir incómodas, lo transmitiremos.
Lo mejor que puede hacer una mujer de más de cuarenta, cincuenta o sesenta es asumirse: el tiempo de las inseguridades ha quedado atrás. He ahí la ventaja de crecer. Cuando nos hacemos mayores descubrimos que ni el mejor de nuestros esfuerzos puede hacernos perfectas. Y, sin embargo, basta con entrar en contacto con nosotras mismas para sentirnos bien.
Por eso, te maquilles como sea, o te vistas como quieras, si la que encuentras en el espejo eres tú misma, es señal de que vas por buen camino.
Indira

