Pánico a la menopausia
Durante mucho tiempo nos han hecho entender la menopausia como un síntoma de vejez, fin del apetito y vida sexual en las mujeres.
Sólo hay una pequeña base de verdad en esta cuestión. Con la menopausia empieza una nueva etapa en el ciclo sexual femenino, aquella donde termina el periodo reproductivo.
Sin embargo, algo hemos de tener en cuenta: el fin de la reproducción no implica, ni de lejos, la decadencia del placer.
No podemos obviar, no obstante, que la menopausia puede traer consigo algunos problemas. La disminución hormonal de estrógenos y progesterona puede generar dispareunia (dolor en el coito). La principal causa de esto es que en este periodo la lubricación vaginal puede resultar insuficiente y que, la consiguiente sequedad, genere dolor. Sin embargo, hoy en día es sumamente sencillo adquirir lubricantes artificiales que solucionen este problema.
Por otro lado, también nos puede generar dolor el hecho de que, en algunos casos, el tamaño del útero y el cuello uterino se estreche. A este respecto, existen posturas que provocan menos dolor, pudiendo optar por éstas.
Quizá, por otro lado, necesitemos ampliar el tiempo que dedicamos a los juegos preliminares con nuestra pareja. Esto, de hecho, es bastante positivo, puesto que las personas que pasan los cuarenta suelen ser más exigentes en lo que respecta a la elección de sus parejas, y necesitan tener una conexión que traspase la esfera del “aquí te pillo y aquí te mato”.
Pero por otro lado, existen fuertes ventajas en lo respecta a la entra en este nuevo ciclo. Una de ellas, es que el fin del miedo a quedarnos embarazadas puede revitalizar nuestra vida íntima; por otro lado, la menopausia nos hace más sensitivas: aunque esto hace que algunas mujeres tiendan a deprimirse, aquellas que tengan unas circunstancias vitales de felicidad, las aprovecharán mucho más plenamente.
Por lo tanto, las dificultades que la menopausia acarrea, con respecto al sexo, son más de corte psicológico que físico (porque todos los problemas físicos tienen solución). Para combatir contra esto, debemos estar preparadas y no dejarnos llevar el pánico. Es imprescindible que busquemos referentes positivos y mantenernos activas.
Si tenemos algunas carencias que nos generan síntomas negativos, tenemos dos opciones: la primera, creernos víctimas del reloj biológico y echarnos a llorar.
Pero existe una segunda alternativa (mucho más satisfactoria): reconocer que el tiempo nos ha dado experiencia vital y darnos cuenta de que ahora, más que nunca, hemos de pensar en nosotras mismas, cuidarnos y luchar por ser la mujer a la que siempre quisimos parecernos.
Indira

